jueves, 15 de octubre de 2009

Crónica

La Asamblea de Flores, resiste

En agosto de 2002, la asamblea de Flores recupera los predios ubicados en Avellaneda 2177 y Gavilán 537. En ese espacio se organizaron y luchan desde hace más de 7 años para encontrar una solución a la problemática de la vivienda y por un trabajo digno. Hoy, uno de los proyectos autogestionados paridos por la crisis del 2001 corre peligro de desalojo. Quieren repetir la historia de excluidos por excluyentes en la pugna de lo privado por sobre lo público.

La Asamblea de Flores surge tras el 19 y 20 de diciembre de 2001 pero, como parte del movimiento asambleario y de proyectos de recuperación de aparatos productivos, fue la reapropiación colectiva de espacios ciudadanos, materiales y simbólicos; que habían sido sutilmente expropiados por una nueva lógica capitalista conocida con el nombre de neoliberalismo (más privatista, individualista y con mayor embotamiento de la sensibilidad social).
En aquellos días un grupo de vecinos comenzó a juntarse en la plaza situada en Donato Álvarez y Avellaneda, denominada por entonces como “Plaza Pedro Aramburu”, para ver qué solución se podía encontrar a la apremiante situación económica-social que se vivía. En esas primeras reuniones se decidía, con justicia, renombrar a la plaza como “Plaza 20 de diciembre” inaugurando con un primer paso simbólico una lucha que se mantiene y se proyecta.
Con el transcurso del tiempo, se tuvieron que dar otros pasos más trascendentes y materiales ante la necesidad de un lugar físico para seguir trabajando. Y así se llega al 2002, cuando la Asamblea recupera la vieja casa de Avellaneda 2177 y, posteriormente, la ex Clínica Portuguesa de Socorros Mutuos en Gavilán 537.
Así lo rememora Gladys, ex enfermera de quirófano de la Clínica y actual miembro de la Asamblea: “Necesitábamos un lugar para hacer comida, porque lo que más se sufría en 2001 y 2002, era hambre”. “Empezamos haciendo una olla y dando de comer a la gente que venía”. “Esto estaba vació, un par de compañeros abrieron, entraron y se empezaron a organizar acá”. “La olla era cada vez más grande y la comida alcanzaba cada vez menos”. “La clínica no se había tocado, todavía”.
La Clínica Portuguesa, a la que hace referencia Gladys, funcionó hasta 1998 cuando tuvo que cerrar acorralada por las deudas que había acumulado. Los trabajadores fueron desempleados sin poder cobrar un peso como indemnización.
Gladys: “Se pensaba en recuperar la Clínica portuguesa para los trabajadores, era todo muy idílico, se hablaba de dar servicios médicos a los trabajadores de otras empresas recuperadas”. “Mantener la empresa para los compañeros; pero eso no se pudo hacer”. “Una clínica es muy difícil de mantener por los altos costos que tiene”. “Se empezó a limpiar y a arreglar el lugar”. “En principio no teníamos muy claro qué es lo que se quería hacer”. “Luego se empieza a trabajar de otro modo, mas organizado, con más gente y se comienza a controlar la entrada”. “Se ve la necesidad de pagar el agua, la luz, el gas, etc.”.
Por entonces, son varios los miembros de la asamblea y gente del barrio que llegan expulsados de sus hogares al no poder afrontar los alquileres. Gladys aclara: “Algunos compañeros empiezan a ser expulsados, en esta zona hay muchos hoteles familiares baratos que en realidad son espantosos, toda la gente vive en una pieza hacinada, mal”. “Hay compañeros que empiezan a venir nada más que con lo puesto. Llegan con niños y así es como la Asamblea decide ocupar la clínica. A las familias que tienen más chicos se les dan los lugares más grandes. Así llegamos al 2005, cuando nació la Cooperativa de vivienda”.
La imposibilidad para muchos trabajadores de poder pagar alquiles restrictivos, ni soñar con ahorrar para una casa propia, hizo que cada vez más familias se acercaran.
Edwin y su esposa son miembros de la Cooperativa y actualmente viven con sus tres hijos en la ex Clínica que el gobierno de Macri busca desalojar: “Nosotros llegamos en el 2005 por necesidad. Yo estaba trabajando como costurero en un taller y en ese año nació mi segunda hija. Mi esposa no podía trabajar porque tenía que cuidar a nuestros hijos y yo no podía buscar otro empleo porque estaba sin documentos. Un familiar nos comento del lugar y nos dijo que funcionaba una olla popular. Nos acercamos y desde entonces formamos parte de la Asamblea. Fuimos participando de a poco. Hablábamos sobre la problemática de la gente, la mayoría sin vivienda, y nos permitieron vivir acá. No teníamos otra opción, con el salario que ganaba no me alcanzaba para poder alquilar una pieza en otro lado y en los hoteles familiares no aceptaban niños. Vivir acá fue mucho mejor, no es lo ideal, pero vivimos un poco mejor”.

El reclamo por una vivienda digna
Ante un Estado ausente, viciado y vaciado por una dirigencia política que no está a la altura del pueblo que dice representar, la gente se organiza y solidariza para salir adelante.
Según Edwin: “La lucha que llevamos como organización y Cooperativa de Vivienda es la de poder lograr una vivienda digna. Es algo muy positivo que estoy viviendo. Con la Cooperativa Social de Flores Ltda. podemos llegar a tener una casa en la que nuestros hijos puedan vivir sin que tengan que dejarla porque venció el plazo, nos saquen o nos suban el alquiler. O podemos lograr préstamos de acuerdo a nuestros salarios. Acá, todos somos trabajadores y podemos pagar trabajando una vivienda”. “Reclamamos la poca importancia que da el gobierno a las necesidades que tiene mucha gente de una vivienda digna, porque con los sueldos que gana un empleado, como en mi caso, no alcanza para poder obtener un préstamo o un crédito”.
Pero tanto el Estado porteño como el nacional, siempre a través de sus gobernantes; no sólo desatiende las necesidades de sus gobernados sino que pone todas las trabas posibles para que no se generen nuevas fuerzas.
Gladys: “Tuvimos aprietes para dejar el lugar. Ahora están hablando de la deficiencia habitacional que hay en Buenos Aires y alrededores. Estos vienen haciendo gárgaras hace añares. Desde que estuvieron los milicos, hasta que vinieron los gobiernos, “democráticos”. Digo entre comillas, porque de democracia: nada”.
Hasta noviembre de 2008 en la Asamblea funcionaba una guardería para que las madres del barrio y asambleístas pudieran dejar a sus hijos mientras iban a trabajar. Gladys: “La guardería era gestionada por nosotros”. “El año pasado vino gente de Macri y la cerró porque le faltaban cosas y según ellos era insegura. En los años que la tuvimos nunca hubo un accidente con los niños, todos éramos responsables, a pesar de que había personas especialmente designadas y gente idónea trabajando”. “Nosotros le dábamos desayuno, almuerzo y merienda a esos chiquitos. Ellos vinieron, nos llenaron de papeles, nos intimaron a pagar, pero no nos dieron ninguna solución. No se hacen cargo de los chicos”.

Organización colectiva como una opción

Hoy en los dos predios recuperados por la Asamblea funcionan: La Cooperativa de Vivienda Casa Social de Flores Ltda. (Inscripta en el Inaes con matrícula Nº 31067/06) en la que viven 35 familias. Una Cooperativa Textil. El Centro Cultural 20 Flores: con más de 20 talleres culturales y de género. Un centro de asesoramiento legal. Se brinda, además, atención primaria de salud y atención psicológica. Funciona una biblioteca comunitaria. Se sigue dando de comer a más de 150 personas diariamente, hay apoyo escolar para los niños. En verano funciona la colonia de vacaciones en la que participaron más de 180 niños y niñas.
Edwin: “Esta organización, desde un principio, fue muy democrática. Uno puede opinar y tu opinión es respetada sin importar de donde vengas”. “Aquí todos tienen el mismo derecho y la misma obligación”. “Organizarse para un fin en común, es la manera más efectiva de lograr objetivos o de ser escuchados en algunos reclamos”. “La Asamblea como organización me parece una escuela de aprendizaje social, por que desde que estamos acá vemos de otra forma todas las cosas que suceden a diario”.

Gladys: “La semana pasada salió la liquidación del lugar según nos dijo el síndico del Gobierno porteño. Al principio vino muy duro, diciendo que los trabajadores de la clínica tenían que cobrar y que había que rematar todo esto. Decía que había muchas denuncias de los vecinos, que no se quiso abrir la puerta a una inspección”.
Edwin: “Pero en estos cuatro años de participación en la asamblea, aprendimos muchas cosas: a no conformarse con el estado de vida que te quieren imponer, luchar por mejores salarios, por una mejor educación para nuestros hijos, por salud y aprendimos que organizados podemos llegar a mejorar todo eso”.
Gladys: “Nosotros necesitábamos la vivienda transitoria hasta que tengamos nuestra vivienda. Esperamos una salida
digna, alguna posibilidad para que nosotros podamos comprar este terreno”. “Esta casa la pensaban tirar abajo. Nosotros vivimos arreglándola. Pusimos mucha plata y trabajo. La idea es poder comprar y conseguir un crédito blando para construir”. “Por un lado el gobierno de la ciudad nos intima y por otro nos da una mención por toda la actividad cultural que hacemos”.

Consecuentemente a la decadencia de la política real, Mauricio Macri, el empresario millonario advenedizo como actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el cool, el pro, el “apolítico” por autodefinición; está ensimismado en borrar cuanto vestigio de autonomía y autogestión se yergue sobre estas tierras a las que considera tan propicias para la inversión inmobiliaria. En su afán, pone palos en la rueda y en las cabezas. Ha dispuesto un cuerpo para-policial que funciona como patota de apriete al que denomina, por esos eufemismos de la posmodernidad designificante, con el nombre de Unidad de Control del Espacio Público. Con el fin de cumplimentar por la fuerza los desalojos ordenados por las manos judiciales resueltas a fundamentar desde el derecho los solapados intereses económicos.
En contraposición, vale la pena transcribir
dos artículos constitucionales para esgrimir ante los prontos defensores de la propiedad privada que bregan en desmedro del bienestar general y de derechos inalienables y hacer una breve reflexión:
-Artículo 14 bis de la Constitución Nacional: “El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social” (…) “la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna”.
-Artículo Nº 31 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires:
“La Ciudad reconoce el derecho a una vivienda digna y a un hábitat adecuado. Para ello:
1. Resuelve progresivamente el déficit habitacional, de infraestructura y servicios, dando prioridad a las personas de los sectores de pobreza crítica y con necesidades especiales de escasos recursos.
2. Auspicia la incorporación de los inmuebles ociosos, promueve los planes autogestionados, la integración urbanística y social de los pobladores marginados, la recuperación de las viviendas precarias y la regularización dominial y catastral, con criterios de radicación definitiva”.
Este es uno de los despropósitos del actual gobierno porteño: la ley que lo rige reconoce el derecho a la vivienda, auspicia la incorporación de inmuebles ociosos, promueve los planes autogestionados; pero el empresario-político, sin ideologías, que no mengua en su arenga mediática insistiendo en que “hay que borrar los limites entre lo público y lo privado”; no deja de intimar con papeles o con palos a los que reclaman una vivienda digna y se organizan con tal fin.
Vale recordar que siempre que hay alguien excluido hay alguien que excluye, cuando hay un marginal hay un marginador. Y no hablamos de los que “se tiran a chantas”. Las órdenes de desalojo y las políticas de exclusión lo que dicen realmente es: los trabajadores empobrecidos, afuera de la Capital Federal.
Pero el incumplimiento desde la política de una ley tendiente a la equidad, reduce a la norma a enfatizar las injusticias.
Fig 1: La Ex Sociedad Portuguesa sobre Gavilán
Fig 2: Festejos por los 7 años de lucha
Fig 3: Frente del espacio Recuperado por la Asamblea sobre Av. Avellaneda
(Nota publicada en el Nº 13 de el Zordo!)

martes, 15 de septiembre de 2009

Nota

La Antártida ¿Argentina?

La gran mayoría de los argentinos no repara en la Antártida, si lo hacen, muchos parten del error de considerarla definitivamente consolidada dentro de la soberanía argentina, o pensando, ingenuamente, en una pequeña porción de tierras congeladas. Así fuimos educados, por algo será.


La República Argentina posee una superficie de 2.780.400 km² y ocupa el octavo puesto mundial entre los países con mayor extensión.
Además, mantiene un pedido de soberanía sobre 1.461.597 km² de territorio antártico, el equivalente a la mitad de su territorio actual, exactamente lo mismo que: Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén, La Pampa y Buenos Aires, juntas. Si Argentina lograra incorporar esas tierras bajo su soberanía, quedaría en el séptimo lugar mundial con 3.761.274 km² de superficie.
Las ventajas de poseer ese territorio exceden a las genuinas ambiciones soberanas del país: geopolíticamente es central, militarmente es estratégico, desde lo científico es estimulante y es económicamente favorable. Claro que para eso, Argentina debería lidiar con el reclamo superpuesto de otros países y con la propia desidia nacional.

La injerencia extranjera y la vista gorda

En verdad, la potencialidad antártica no se toma en su verdadera dimensión porque el discurso colonizador reinante y los gobernantes vende patria han hecho mella sobre la representación que la sociedad argentina tiene sobre esas tierras.
Esta desvalorización, ignorancia o indiferencia, se basa en dos aspectos: uno cuantitativo y el otro cualitativo.

- Desde lo cuantitativo la sociedad argentina no tiene conocimiento de la extensión real del territorio antártico reclamado. Tan grande es que, para ejemplificarlo con claridad, si se incorporara, el centro geográfico longitudinal de Argentina pasaría a ser Viedma. Sí, Viedma, aquella que “el padre de la democracia” e indultor quería transformar en Capital Nacional por concejo militar.
La comunicación imperialista operó, incluso, cartográficamente. Hasta hace muy pocos años, todos los estudiantes primarios de nuestro país utilizaron el mapa político Bernardino Rivadavia, en el que, curiosamente, el territorio antártico aparecía agregado en un recuadro inferior, no sólo fuera de su geografía natural sino en una escala menor que el resto del territorio nacional.
Y creer o reventar, nos acostumbramos a pensar en falsas dimensiones y en una porción de torta menor a la que verdaderamente corresponde. La metáfora de la torta no es arbitraria si se mira la actual división del Continente Antártico con 8 países reclamando parte del territorio (Fig 1). Cabe aclarar, que todos estos reclamos están suspendidos por la aplicación del artículo 4 del Tratado Antártico de 1961 pero que promete grandes rivalidades a su caducidad.
Es claro que si la representación cartográfica hubiese defendido intereses nacionales tendría que haber respetado dimensiones geográficas proporcionales e ir actualizando las divisiones políticas en disputa, para otorgar una visión esclarecedora, más cercana a la realidad y al debate nacional que tenemos por delante.
Sin embargo, por una curiosidad histórica que no es casualidad, los mapas en cuestión tomaban el nombre del primer Presidente, Bernardino Rivadavia; el mismo que contrajo el primer empréstito argentino a favor de Inglaterra con el que endeudó al país innecesariamente por 80 años y por un dinero que nunca llegó, sino en títulos.

El mismo presidente que ante el litigio con Brasil sobre la cuenca del Río de la Plata, concedió, por intervención y sugerencia de la diplomacia británica, la banda oriental del río para la creación de un tercer estado: Uruguay. Y el mismo que entregó parte norte y oeste del territorio argentino, también, por expresa recomendación de Inglaterra.Pero las casualidades no terminan ahí: Inglaterra es uno de los 8 países que tiene reclamos de soberanía sobre parte del territorio antártico. Entonces, la representación cartográfica del mapa político B. Rivadavia, más que una imagen del territorio nacional, parece una consecuencia de las políticas gubernamentales ha pedido del imperialismo liberal, implementadas por aquel presidente inaugural y mantenidas por todos los que le siguieron. Autorizando una y otra vez el engaño nada menos (o justamente) que en la educación de su pueblo.

- Desde lo cualitativo se inculcó a la sociedad argentina que esas tierras cubiertas de hielo, con nieves eternas y temperaturas bajo cero, no servirían para nada. Y al no ser productivas eran, por lo tanto, olvidables. Claro que quienes debíamos olvidarnos de esas tierras éramos los argentinos y no recordar, incluso, que otros países pudiesen estar interesados en ellas.
En verdad, esas tierras no sirven para ser sembradas ni para criar ganado, que era el fundamental interés en los tiempos en que dejamos de ser colonia española, gracias a los hombres de Mayo, para defraudarlos después y transformarnos en colonia británica.
Pero los tiempos cambian, dejamos el carbón por el gas y el petróleo y pasamos de la modernidad a la era de las necesidades básicas irresueltas: escasez de agua dulce y una demanda creciente de alimentos. Esto, en un entramado global en el que el conocimiento es clave. En este contexto la Antártida comienza a cobrar cada vez mayor valor y, cuidado: las potencias mundiales se diferencian por pensar a largo plazo…

¿Por qué prestarle atención?

Para ejemplificarlo geopolíticamente se recomienda tomar un planisferio y colorear los siete países con mayor territorio, si Argentina incorporara las tierras antárticas. Se reconocería automáticamente que el país pasaría a cumplir un papel de mayor protagonismo a escala mundial y de manera preponderante. Y si bien la idea de extensión territorial unida a la grandeza de una nación es una premisa desprestigiada, lo es, justamente, porque países que no contaban con grandes territorios (y por ende con pocas riquezas naturales) han sabido presionar, obstaculizar e invadir a países con mayores recursos pero más vulnerables, para hacerse de sus bienes.
Geopolíticamente, decíamos, Argentina sería el país con mayor latitud en su extensión, lo que significaría la mayor variedad de climas con las diversidades biológicas que ello implica. Y atención aquí: sería uno de los pocos países en el mundo que contaría con puertos en dos océanos diferentes y podría ser, a excepción de Estados Unidos, el único país de América en tener un paso transoceánico.
Por si fuera poco, Argentina contaría con una de las mayores reservas de agua dulce, fácilmente potabilizable para el consumo humano, en un mundo en el que actualmente mueren por día 12.000 niños por falta de agua o por enfermedades derivadas del consumo de agua mala.
Desde lo militar, el país potenciaría sus posiciones estratégicas, pues, además de contar con puertos de ultramar en el Atlántico y en el Pacífico, podría tener bases aéreas en el lugar más austral del mundo, con lo que obtendría un mayor control del hemisferio sur y del Pasaje de Drake. Se podría, además, profundizar la intervención continental que ya se tiene con las 13 bases en funcionamiento permanente y transitorio.
Científicamente, es un desafío estimulante. La Antártida es un continente prácticamente inexplorado y lo poco que se lo ha podido estudiar resulta muy alentador. La potencialidad de obtener energía eólica que le permitiría autoabastecerse, la existencia de especies marinas que pueden evitar el congelamiento y otras miles que esperan ser develadas, lo convierten en un nuevo ecosistema riquísimo para la investigación.
La sustentabilidad económica es tan incuestionable como inmensurable.
Se cree, cerca de la certeza, que existen bajo su suelo grandes reservas de petróleo, gas y minerales. La explotación minera responsable sería un aliciente en un país donde esa activad contamina y es penosamente extranjera. En un país, también, que ya está sufriendo las consecuencias del desmonte por el afán de obtener más tierras cultivables (léase, brindando materias primas y alimentos a los países dominantes a un costo menor del que a ellos mismos les costaría producir y sin los desastres ecológicos que acarrea), la Argentina podría incorporar nuevos animales en las dietas culinarias: en la Antártida habita la foca cangrejera que es el mamífero con mayor número de individuos en su especie que existe en la tierra. En ese sentido, son varios los que apoyan la posibilidad de utilizar krill, con un alto valor nutricional, para alimento humano. Y no es cuestión de depredar, sino de realizar un proyecto viable en un contexto en el que se cree que dentro de 50 años más del 50% de los alimentos provendrán del mar.
La actividad pesquera en aguas australes ya está demostrando su capacidad productiva aunque, lamentablemente, también se está explotando un recurso nacional por empresas internacionales.

Precauciones

En su política de integración del territorio antártico, Argentina debe tener en cuenta algunas precauciones para no obtener resultados desfavorables en su reclamo de soberanía.
Los cuidados deben responder, principalmente, a los reclamos de soberanía de otros países y a los intereses que puedan tener otras potencias sobre el territorio.
Parte del territorio que Argentina reclama se encuentra superpuesto a los reclamos de dos países: Chile, por un lado y (“¡Eureka!”) Inglaterra, por el otro, que reclama toda la península Antártica. Y es allí donde el país debe tomar recaudos porque Londres ya ha demostrado la capacidad que posee a la hora de defender sus intereses terrenales, ya sea por la fuerza: como lo hizo en Malvinas, o por la diplomacia: como el citado caso de la creación de Uruguay. Máximo, cuando los bretones ya han solicitando a la ONU la extensión de la plataforma marítima, han emitido su moneda para la Antártida, y cuando Francia, Noruega, Nueva Zelanda y Australia, que también tienen reivindicaciones territoriales sobre el continente, reconocieron el Territorio Antártico Británico.
Nuestro país, tampoco debe descuidar la posibilidad de que se quiera nombrar a la Antártida “patrimonio de la humanidad”, intentona que, proclamando velar por el bien futuro de los hombres, propone borrar la soberanía de los pueblos sobre sus territorios, como ya lo propuso EEUU con el Amazonas. Las fronteras puede que sean un impedimento para la unión de los pueblos, pero la injusticia y la dominación lo son aún más.
Al igual que debe prestar atención a las barreras proteccioncitas impuestas por países que, enarbolando banderas ecologistas, socavan hoy, con total hipocresía, el ecosistema y sus recursos. O recordar, al menos, que el capitalismo neoliberal e imperialista no es ecologista.
Nuestro país debe profundizar las políticas destinadas a la Antártida para que no se sume a nuestra penosa lista de frustraciones. Para eso se necesita lealtad nacional en la política, ética en la Fuerzas Armada y otros organismos y responsabilidad en la sociedad.
Entre las medidas que se analizan, poblar el suelo austral no es una idea desechable. Y aumentar el presupuesto destinado es una necesidad.
Se podría empezar restituyendo al viejo buque Irizar por nuevas embarcaciones o, por lo menos, abandonado el mapa de la dependencia discursiva y adoptando por ley nacional el mapa bi-continental emancipador. (Fig 2).
Por otro lado, dado que el territorio reclamado por Argentina está comprendido casi en su totalidad dentro del reclamo británico y en gran parte por el reclamo chileno; una buena posibilidad sería que Argentina y Chile, bilateralmente, se unieran para peticionar en organismos intencionales ante la reclamación inglesa y para contradecir de una buena vez nuestro pasado latinoamericano referenciado de intervención británica para separar a pueblos hermanos y arriarse victoriosa sobre la división.

Tenemos que abandonar la imagen imperialista que tenemos como argentinos de ser un país exclusivamente agrícola-ganadero, porque, excluyendo nuestras excelentes potencialidades tecnológicas y humanas y tomando en cuenta solamente nuestros recursos naturales, el territorio, actualmente, no sólo nos ofrece otras variantes económicas sustentables; sino que en el futuro, si hacemos las cosas bien, además de lo que ya tenemos, nuestro suelo puede estar cubierto casi en un 50% de hielo.

(Nota publicada en Revista el Zordo Nº 12)

(Fig 1). División actual con los reclamos

(Fig 2). Mapa bi-continental

domingo, 26 de julio de 2009

Poesía

En la transparencia del día

Un amanecer
que quiebra las sombras de mi
y tatúa otro silencio con rocío,
celeste vivo
embriagado de ausencias
sucumbiendo en el ícaro de los pájaros.

Un cielo claro
de alados cuerpos fundidos
que alumbra con soles de días que no vendrán,
de manos diáfanas
arropando inmensidad
sobre las solitarias noches de la memoria.

Una nube va
saltando de astro en astro
esquivando la sed con la que bebe la muerte…

Día espejo
que muestra del otro lado
criaturas nocturnas que habitan mi tristeza,
y un poema
que habla con las palabras
de las cosas sin forma y que no tienen nombre.

Remolinovencedor