jueves, 26 de junio de 2008

Reseña

A ciento diez años del asesinato del poeta y dramaturgo español Federico García Lorca
Cuando las palabras pueden más que las balas

Federico cumple seis años. La familia se reúne para celebrarlo en la gran casona de Fuente Vaqueros en las sierras de la Granada que lo vio nacer. El pequeño le pregunta a su madre, Vicenta Lorca Romero, maestra, y quien incentiva las curiosidades artísticas de su retoño; cuándo llegará su padre para comenzar la fiesta. El hacendado Federico García Rodríguez, no se hace esperar y vivando al mayor de sus cuatro hijos, repartiendo abrazos y besos para todos, deposita su sombrero en el perchero y se deja caer en el sillón de mimbre del soleado comedor. Los demás miembros de la familia también se sientan cerca del piano para escuchar al agasajado interpretar viejas canciones y romanceros populares. Esa métrica andaluza que acompaña a las vibraciones musicales por el aire, navegará también en las venas del futuro poeta durante su crecimiento y le dará el ritmo a la forma y contenido de su propia voz.
Pero es 5 de junio de 1904 y él, todavía niño, no piensa en lo que le costará terminar la carrera de abogacía para finalmente graduarse y nunca ejercer la profesión. Por el contrarío, esta tarde en la que el sol se empeña en rellenar la habitación, Federico García Lorca se deja poseer, a su vez, por la poesía; para vivir en y por ella hasta el final de su vida.


Transmutar

Viajes, estudios y tertulias irán afianzando la amistad del poeta con otros escritores, pero tendrá que esperar hasta 1918 para editar su primer poemario: “Impresiones y paisajes”. El afecto con sus pares irá madurando con los años y dará como fruto, en el verano de 1927, a una serie de presentaciones y lecturas para reivindicar la poesía del poeta español Luis de Góngora y Argote en conmemoración del trigésimo aniversario de su muerte. La historia de la literatura universal le daría a ese movimiento el nombre de “Generación del 27”. Incluso, ese mismo año García Lorca publica su primera obra de teatro: "María Pineda”. España vive su “época de plata” literaria y el ya talentoso poeta gitano no para de escribir poesía ni teatro convirtiéndose en uno de sus pilares.
Entre viajes, se radica un año en Nueva York para seguir con sus estudios. Lejos de obnubilarse con las luces de la gran ciudad y la pomposidad de su gente, Lorca no puede dejar de ver la sangre que se escurre por debajo de las calles. La deshumanización e individualismo del capitalismo avanzado y del que sólo le cabe una visión apocalíptica y desesperada que refleja mas tarde en: “Poeta en Nueva York”. Claro que para gritar ya no puede valerse del romancero y los cantos populares. Su lirismo necesita de otro ritmo y otra forma.
Federico García Lorca regresa a una España que empieza a resquebrajarse y el poeta se convence de que ante la realidad social el artista debe apasionarse. Su voz exige despegarse de la realidad para intentar abordarla y se tiñe con el surrealismo. Su poesía se rebela a sí misma. Muta entre lo popular y lo académico, entre lo clásico y la vanguardia, entre lo español y lo universal, lo racional y lo ilógico, va de lo cotidiano a lo onírico y viceversa. Pasará, según sus propias palabras, “del querer al amar” y buscará en cada uno de sus escritos a la poesía pura.


Imaginación, inspiración y evasión

El autor entendía que casi todo arte tiene su base mas firme en la imaginación, sinónimo de aptitud para el descubrimiento. Por eso, García Lorca no creía en la creación, sino en el descubrimiento. Como no creía en el artista sentado sino en el artista caminante. Para él la hija directa de la imaginación es la metáfora. La hija legítima y lógica, nacida muchas veces con el golpe rápido de la intuición o con la lenta angustia del pensamiento. Pero la imaginación esta limitada por la realidad. No se puede imaginar lo que no existe. “Vuela la imaginación sobre la razón como el perfume de la flor sobre la flor misma sin desprenderse de los pétalos, siguiendo los movimientos de la brisa, pero apoyado siempre en el centro inefable de su origen” *.
En contraposición, Lorca aseguraba que la inspiración golpea de plano muchas veces a la inteligencia y al orden natural de las cosas. “La imaginación es inteligente, ordenada, llena de equilibrio. La inspiración es incongruente en ocasiones, no conoce al hombre y pone muchas veces un gusano lívido en los ojos claros de nuestra musa”. *
Para Lorca así como la imaginación poética tiene una lógica humana. La inspiración poética tiene una lógica poética. “La inspiración es un estado de fe en medio de la más absoluta humildad.” * El poeta necesita una fe rotunda en la poesía, se necesita un estado de virtud material y espiritual de cierta perfección y se necesita saber rechazar con vehemencia toda tentación de ser comprendido.
Es así como García Lorca creía que: la imaginación lleva y da un ambiente poético y la inspiración inventa el hecho poético. Porque: “El hecho poético no se puede controlar con nada. Hay que aceptarlo como se acepta la lluvia de las estrellas. La poesía puede fugarse, evadirse, de las garras frías del razonamiento.”*
La poesía se expande en Lorca con un sentimiento planetario y procura huir de toda estética establecida. Pasa de la imaginación que es un hecho del alma, al camino de la inspiración que es un estado del alma. Una evasión pura. La inspiración del poeta descubre el hecho poético y ya no hay términos, ya no hay límites, ya no hay leyes explicables. ¡Admirable libertad! “La poesía deja de imaginar, deja de soñar, va del querer al amor”. *


Textual

ROMANCE DE LA LUNA, LUNA (1)

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando./
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño./
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos./
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados./
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos./
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado./
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados./
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados./
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano./
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.


La luz del poeta es la contradicción.

“La poesía no quiere adeptos, sino amantes. Pone ramas de zarzamora y erizos de vidrio para que se hieran por su amor las manos que la buscan.” **

La poesía de Lorca es una poesía virgen, desanudada, libre de paréntesis. Es una poesía ecuménica con sus leyes recién creadas para ella y su cielo inédito. Y ha logrado exaltar el punto de pureza y sencillez al que conduce el hecho poético: eso que viene al poeta en calidad de inocencia y de trémula verdad. “Volver los ojos al puro instinto a la creación virginal incontrolada, a la fuente fresquísima de la emoción directa, descansando bajo la fuerza irrefrenable de sus propias almas descubiertas.”**
Lorca descubre que es en la imperfección donde brilla la belleza: en la dualidad de héroes-antihéroes, amor-frustración, marginalidad-autodestrucción, perpetuidad-esterilidad, real-irreal, vida-muerte. Y arguye una contradicción más en su derrotero poético: entre hombre y dios. La creación les es negada a los hombres. Hacer algo de la nada es tarea divina. Pero Lorca profundiza y eleva su metáfora. Recurre con maestría a la prosopopeya: figura que consiste en atribuir a las cosas inanimadas o abstractas, acciones y cualidades propias de seres animados, o a los seres irracionales las del hombre. Figuración de lo contradictorio. De esta manera, en su simbolismo: como la luna es muerte; la noche es drama y, su baño de plata, un cortejo fúnebre.


El romance del poeta y la luna

Lo obligan a bajar de la caja de un camión cuando la alborada ilumina las humilladas sierras, en un anónimo lugar entre Viznar y Alfacar, de una España que llora. Es 18 de agosto de 1936. Lo acompañan dos banderilleros y un maestro. Tres hombres, bajo el mando de otro uniformado, los empujan. Nadie le dirige la palabra ni le mira a los ojos. Dejarán que las bocas de los fusiles hablen por ellos. En la Granada que le dio la vida, la sangre se reencontrará con su tierra. Su cuerpo cae tras el estrépito infame. La luna esta mañana, se lleva a su poeta preferido para hacerlo su amante noche a noche.
Ciento diez años después de su nacimiento, todos honrarán el nombre de Federico García Lorca y nadie recordará siquiera, el nombre de sus asesinos.

Referencias:
* Extractos de una conferencia de F .G. L. dictada en Madrid, 16 de febrero 1929.
** Extractos de una conferencia de F. G. L. dictada en Nueva York, 10 de febrero de 1930.
(1) Poema de F. G. L. incluido en Primer romancero gitano escrito entre 1924-1927.

Bibliografía:
Federico García Lorca conferencias II, Mario Hernández, Alianza Editorial
Poema del cante jonde, Federico García Lorca, Obras completas, Vol. 3, R. B. A. Editores, España, 1998
Primer romancero gitano, Federico García Lorca, Obras completas, Vol. 4, R. B. A. Editores, España, 1998
Poeta en Nueva York, Federico García Lorca, Obras completas, Vol. 5, R. B. A. Editores, España, 1998

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