Poesía del pensamiento o de la luz y la sombra
Revolviendo las formas entre lo visible y lo invisible,
mostrando una radiografía esquizofrénica de la materia,
la tarde avanza y transforma las cosas,
como si ellas no fuesen más
que un retruque entre la luz y la sombra.
Así, el día y la noche, en su afán de círculo,
reformulan los patrones de distancia entre los hombres
y le injertan en la mirada
la presencia del vacío,
la duda entre lo que sus manos tocan y lo que no tocan,
la certeza del ser, del no- ser y de las posibilidades entre ambos.
Los hombres perciben humildemente
que viven en el vacío y moviendo sus manos en él,
hasta que toman otras manos o una taza,
se preguntan por qué si el lugar del ser o del no-ser es el vacío:
cómo el lenguaje de los hombres no es el silencio.
Y entonces, de repente, se arrojan a escribir al descubierto,
en la intemperie, una poesía tan humana
que no habla del hombre sino del no-hombre,
una poesía anterior a si mismos,
una poesía del pensamiento
que no es más que un capricho de la luz y la sombra.
Como si la confusión fuese el estado general del universo
y el orden no estuviese necesariamente en su revés,
sino reservado en cualquier otra naturaleza.
Remolinovencedor
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