La otredad de lo uno
Federico García Lorca escribió en una carta a los críticos: “Cuando ya no tengamos trajes ni decorados, representaremos el teatro clásico en alpargatas. Y si no nos dejan levantar el tablado, representaremos en la calle, en las plazas de los pueblos. Y si tampoco nos dejasen así, representaremos en cuevas y haremos teatro oculto. Ante la realidad social el artista debe apasionarse”. El dramaturgo español nacido en Navarra fue asesinado en agosto de 1936 acusado de “hacer mas daño con la pluma que otros con la pistola”.Cuarenta y cuatro años más tarde, en un pequeño pueblo bonaerense de la Argentina, donde no había ni escuelas ni profesores donde ir a estudiar teatro, nacía Mariano Asencio, un actor apasionado que demuestra que las balas no pueden matar al poeta.
Porque al actor y al dramaturgo los une, además de la admiración de uno por el otro, la misma forma de concebir el arte. Puesto que Mariano piensa que el actor, en cuanto artista, re-crea un texto y es, por eso, responsable de esa creación. Y entiende asimismo, que el teatro es una expresión artística perteneciente a un entramado ideológico y social, en el que el actor es a su vez, un comunicador, y en el cual, nadie hace arte por el arte.
Cuando Mariano era un niño gustaba de jugar a ser otros. Ahora, después de muchos años de trabajo y estudio, puede explicar que ese paso por el juego simbólico y de representación, que todo infante experimenta para construir la noción de símbolo, sería la semilla de su actual vocación.
Por eso, es lógico entender que para Mariano todas las personas pueden ser actores. Porque el juego es un idioma natural a todos los seres humanos. Sin embargo, él confía en la técnica como herramienta de desarrollo y crecimiento para aquel actor que decide subirse a un escenario. Es decir, que actor “se nace y se hace”.
En su formación actoral, trata de incorporar todos los métodos existentes; desde los que priorizan la forma exterior de lo que se esta actuando, hasta los que encumbran los contenidos o lo interno. “Por ejemplo: en la comedia se trabaja mucho con las formas corporales, las formas de moverse en el escenario y de qué manera lo que le pasa al personaje, pasa en el cuerpo”. Y aclara que: “de este modo se trabaja con tipificación, esteriotipo o prototipos. En cambio, en una obra realista o naturalista se prioriza lo que sería el trasfondo del personaje, se trabaja sobre su masa emocional. Entre esos dos polos está todo el abanico de la actuación: desde la comedia del arte italiana, hasta los autores realistas de fines del siglo XIX”.
Mariano Asencio en Terror y miserias del 3º Reich de Brecht
De hecho, él emplea diferentes caminos para acceder a un personaje. “Algunos métodos proponen como primera puerta el trabajo con el texto, es decir, un trabajo intelectual. Pero otros en cambio, formulan que es a partir del trabajo corporal del actor, de impulsos que salgan del aquí y ahora plasmados en propuestas escénicas, desde donde se creará el personaje”.
Lo cierto es que Mariano considera fundamental la verdad escénica. El actor, menos con formas impuestas, puede valerse de lo que más le convenga para ese momento. Como herramientas que puede utilizar según lo que tiene que representarse. Porque para él, si bien, actuar es un acto de creación, una indagación continua en la que hay que seguir buscando por todos lados; "siempre se debe tener en cuenta el concepto de verosimilitud que le otorgará organicidad y credibilidad a la actuación”.
Para abordar un personaje le resulta interesarte ver qué dice el personaje de sí mismo, qué dicen los demás personajes de él, y cuál es el contexto en el que se mueve. Es importante, según Mariano, mantener una comunicación permanentemente abierta con los demás actores con los que se comparte la escena. “Es preciso percibir al otro, para poder encontrar los tiempos, la cadencia, los ritmos que requiere ese acto”.
Por un lado, se ha escuchado decir a los poetas que el poema no se termina, se abandona. Por otro, los pintores argumentan que abandonan sus cuadros. Para no corregir indefinidamente, palabras unos y colores otros, renuncian a la búsqueda de lo bello. Mariano opina que los actores también abandonan, en cierta forma, la creación del personaje. Ceden arbitrariamente a su imperfección para detener una indagación que sería interminable.
Además, como el gran actor Peter Broock, él sostiene que: “para que exista teatro deben coexistir: un lugar vacío, alguien representado concientemente otra cosa, y una persona observando”. Para ambos el rol del actor dentro del teatro es fundamental. Es incluso, primario a la obra misma. Y esta visión tiene su antecedente directo en la propia etimología de la palabra. “Teatro” en griego quiere decir “acción”.
Y toda acción, indudablemente, tiene su consecuencia. Su derrotero de hechos relacionados que pueden, incluso, salirse de entre bambalinas y llegar hasta la calle, o también, hasta el fuero interno de cualquier persona.
Y es ahí, en ese instante, cuando el actor cobra la dimensión apasionada de la que hablaba el dramaturgo gitano. Y es ahí, precisamente, en esa histórica re-creación, donde Mariano Ascencio y García Lorca se dan la mano por siempre.
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