Dan ganas de gritar a los arte-puristas a ultranza: ¡Tierra!Y dan ganas de gritar a los poetas “terre a terre”,
Del enlace de la tierra y la nube
surge la poesía más auténtica.
La sangre permanente.
La nube fugitiva.
R.G.
Tierra y nube. Si se revisa la obra poética de Raúl González Tuñón, en principio, implosiona el casillero cajetilla de “poeta social” y segundo, se desploman los anaqueles que dividían a la poesía de contenido social y político de la “poesía excelsa”. En sus poemas: acciones, lugares, personajes y el propio poeta, se suceden o superponen en una convivencia real, onírica y utópica, armónica y conflictiva.
La obra de González Tuñón logró evadirse por sobre la disyuntiva de época en la que le tocó abrirse camino (simplificada en la confrontación Florida – Boedo) a través de una síntesis superadora tanto desde la renovación formal como de contenido; logrando una voz que se mantiene, como le gustaba decir al autor, en “constante exaltación lírica” y que lo ubica como uno de los poetas con mayor originalidad y autenticidad de la poesía argentina.
Uno de los personajes creados por Tuñón, que se transformaría en su heterónimo, Juancito Caminador, se presentó diciendo: “Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente, lo cual quiere decir que yo trabajo con toda la realidad”. Este manifiesto sostiene su universo poético y su figura de poeta. Raúl y Juancito son indivisibles porque la vida y la poesía son para el autor, inseparables. Así va componiendo su triquiñuela: en sus poemas se haya el hecho novedoso, la reivindicación histórica, pero se busca siempre la belleza. Se conmueve por el dolor del mundo, a la vez que intenta encontrarle un sentido al drama humano y la poesía puede abarcar toda la realidad, también lo político. Porque no reduce su lengua a la pirueta ni mira la realidad como cronista, sino que la contempla con ojos de poeta.
Con este artilugio el poeta prestidigitador, lanza su visión fabuladora desbordante de lirismo y se ubica entre la subjetividad y las cosas para formar un nuevo paisaje de relaciones fantásticas. “La naturaleza no se deja copiar, quiere que la interpreten” decía y se asumía intérprete, médium, artista. Su metodología es nombrar las cosas para resguardarlas del tiempo y al nombrarlas, como los surrealistas, las revela, las recarga de significado para perdurarlas ante la muerte y es esa fabulación: su gran autenticidad.
Por eso para el autor “los poetas suelen hacer historia”. No sólo por narrar los acontecimientos actuales que le duelen al hombre, sino porque todo tiene una historia, todo está en movimiento y éste sólo es posible en el tiempo. Hay un pasado, un presente y un futuro para cada cosa. Y Tuñón resuelve tomar la realidad como punto de partida, valerse de la imaginación para interpretar el mundo y con una visión de futuro se anima profetizar: “Soy poeta, es decir profeta”, porque el futuro es la única certidumbre.
Coherentemente, existe en Tuñón una búsqueda de universalización que fluye en toda su poética. Repara en lo ínfimo, en el rincón de una amueblada, en el organito de feria, en el banco de la plaza, para encolumnar a su par a todas las cosas fácilmente olvidables en su ecuménica demanda contra el olvido. También, claro, el olvido del hombre. Pues, abolido el brillo de la modernidad bajo la utilidad capitalista y el sinsentido fascista, la liberación del hombre puede ser lo mínimo. Por eso la poesía, para ser pura, debe ser revolucionaria.
Esta intención abarcadora, su gran capacidad lírica y su compromiso social lo incitan a componer opuestos. “La rosa blindada” el hermoso título, poderoso, que Tuñón le pone al libro que dedica a la sangre republicana derramada en el alzamiento de Asturias, que nace después de haber sufrido la cárcel de Justo, una sentencia en su contra y el exilio por escribir un poema: “Las brigadas de choque” (que ni siquiera llegó a ser publicado en su libro anterior “Todos bailan”); es un ejemplo de tal actitud. La suave y bella rosa debe crisparse: lírico y combativo. Incluso, David Viñas, apunta que en este libro hay un desplazamiento del yo enunciador a un nosotros, que bien podemos atribuir a la necesidad de reforzar esa búsqueda universalista.
Si toda poética es una búsqueda, Raúl González Tuñón busca, además, expandir hacia los lados el eje vertical profundísimo, si por profundidad también entendemos altura, circunscrito al yo poético de otros poetas geniales. A la verticalidad del yo le agrega movimiento, ese desplazamiento, como se dijo, es tiempo, un pulso que marca el largo camino del devenir constante. En el poema La cerveza del pescador Schiltigheim, del libro “La calle del agujero en la media” (otro ejemplar título cargado de resonancias) el yo de Tuñón dice: “…estuve en tal pasión, en tal recuerdo. Estuve, por ejemplo, en la feria de Aubervilliers, una mañana, con un trozo de asado, una amistad tranquila, la mesa clara, el perro, el buen hablar y afuera, las verduleras de París chapoteando con los zuecos en la nieve.” El yo se va de sí, nombra, viaja, se entrega al fluir de esa pulsión expansiva. Hace un culto al movimiento, a la animación de lo inerte, a la valorización de los objetos, al collage, la descripción, la yuxtaposición, la simultaneidad, lo visual.
Y cuando Tuñón nombra un ellos, como en este caso, aquellos siempre son personajes pertenecientes al pequeño mundo cotidiano: verduleras, titiriteros, malandrines, saltimbanquis, prostitutas, organilleros, choferes, deshollinadores, compañeros de militancia. Un otro que, por lo general, se descubre por su oficio proletario, un potencial ellos revolucionario con el que el autor se encuentra sensiblemente hermanado. El título de otros de sus libros es, justamente, “Todos los hombres del mundo son hermanos”.
Aquí y en la mayoría de sus libros, hay cierta organización de la materia verbal a través de un lenguaje callejero capaz de producir la sensación de que el mundo es, pese a las injusticias, un continuon inagotable de originalidad, un devenir “mágico”, si se tienen los ojos aptos para captar el fenómeno. Y hay, desde lo visual, cubismo y fotomontaje, una hipérbole grotesca de la imagen sobre la metáfora. Una rotación de calidoscopio. Una fragmentación en movimiento. Una revolución. Vértigo.
El citado poema del pescador Schiltigheim termina diciendo: “Estamos en una encrucijada / de caminos que parten y caminos que vuelven”. Es frase es un buen acercamiento, “un puerto” para interpretar su obra.
(Nota publicada en el Nº 14 de el Zordo!)
------------------------------------------------------------------------
Mapa de Lectura:
Raúl González Tuñón: La calle del agujero en al media. Todos Bailan. Ed Espasa Calpe. 1993
L. Candiano. L. Peralta: Boedo Orígenes de una literatura militante. Ed CCC. 2007
Susana Cella: Por Tuno. Ed CCC 2008
Raúl González Tuñón: Los Caprichos de Juancito Caminado. Ed Página 12
Raúl González Tuñón: La Rosa Blindada. Ed Libros de tierra firme. 1993







